A la salida del almuerzo con Piñera, Alwyn como Lagos acordaron una cuestión: "ellos no venían ni como socialistas ni como democratacristianos, sino que en su calidad de ex presidentes de la república" (Palabras de Alwyn a la prensa). Bueno, de ser así me he quedado como nuestro personaje Condorito y su cliché: Exijo una explicación.
Esto de poder desenmarcarse de las propias creencias es tan natural dentro de nuestra sociedad. Ser de izquierda para luego pasar sin ningún problema al bando contrario, como nos ha demostrado dantescamente el senador Fernando Flores; no parece generar ningún resquemor y menos condena social alguna. Lo que gira en torno a ello es una verdadera sociedad individual, consumista y pro mercado a toda chance -que no es impuesta por un sector de la sociedad solamente, dada la derrota histórica que hemos vivido con el golpe militar y sus concecuencias que nos persiguen hasta el día de hoy-; puesto que sólo esperamos los beneficios que nos puede entregar el mejor postor, de otra forma no se explica la diferencia abismal que existe entre la aprobación de personeros políticos frente al descrédito de los partidos políticos.
Estos últimos surgen en nuestra historia (universal, occidental, nacional) como supuestos intermediarios entre las demandas de la sociedad y el poder central, el Estado. Pero muchos vemos en ellos los grandes vicios que la sociedad capitalista acarrera con su lema de la libre competencia: "que gane el mejor", es decir, de forma maquiavelica: no importan los medios sino que el fin. Por ello este intelectual del siglo XVI es tomado como el padre de la política moderna, puesto que el refleja el sentimiento económico que comenzaba abrir el capitalismo (en pañales en ése entonces, o denominado por los historiadores y economistas como: mercantilismo) en nuestra sociedad, traspasando a la política como ejercicio efectivo el lema del dejar ser.
Hoy con un capitalismo rampante y verdadera crisis, los partidos políticos y sus militantes, pueden reusar de su condición de acuerdo a cómo les acomode de mejor manera. Resulta molesto y chocante como pueden salir de ello sin ningún tapujo, menos con algún tipo de consecuencia. El miedo al debate, a la discusión de la posiciones, que se vio demostrada en los años anteriores al golpe militar del '73s; nos muestra que podemos desarrollarnos como sociedad sin tenerle miedo a nuestras posiciones ideológicas, morales, entre otras, pero hoy prima en el juego: con qué me va mejor.
Debemos repensar estos problemas, donde hoy surge una cantidad interminable de sujetos que pueden hablar desde el pulpito como intelectuales, creadores de opinión o como meras celebridades. Pues son estos los que en sus palabras no invitan al debate como ellos piensan, sino que ha dejar sentadas ideas sin saber de dónde provienen sino que es como suena de mejor manera. Caso magistral es el del periodista Matías del Río, Fernando Paulsen: ¿son de izquierda o de derecha?, ¿ateos o creyentes?. ¿economía social del Estado o capitalismo a raja tabla? Nunca con sus opiniones nos queda claro, sólo con algunas palabras y a la interpretación quedan sus posiciones.
Basta de ello, Se debe perder el miedo a dejar clara las posiciones, a demarcar los límites que nos separan de otro. Es allí donde de verdad encontraremos un debate democrático que nos permita tomar las mejores decisiones. Y no como nos dice el eslogan de una radio. "para tener opinión hay que estar informado", pero nunca se cuestiona la calidad de esa información.

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