lunes, 26 de diciembre de 2011

Respuesta desde la melancolía del ser...

Es extraña esa melancolía, el leer esas palabras...
Siempre eres capaz de dejarme con la boca abierta y resurgiendo en mi el constante dilema del cariño, del amor, de la honestidad (si, leíste bien, la honestidad) y de todos esos hermosos sentimientos que yo siempre he asociado a tus novelas "mágicas". Eso eres, fuiste y serás para mí; mi eterna Fermina...

No sé si es posible agradecerte tanto cariño y aprecio hacia mi persona, puesto que a veces no lo merezco u otras veces me siento el ser menos querido de la tierra, cuándo de verdad lo merezco, despiertas todo eso bueno que alguien quiere ser. Yo si pienso en ti, de maneras distintas, te sueño de maneras distintas, te añoro de maneras distintas, te extraño de maneras distintas, deseo de maneras distintas y sólo a veces, quiero verte de imprevisto, abrazarte de imprevisto e incluso, por qué no, robarte un beso de locura.

Son todas esas cuestiones las que nos construyen, de construyen, que aguantan la insoportable levedad del ser que es la tiranía del desamor; como dijo un checo por ahí.

Quedan palabras, esta extraña conversación del romanticismo en plena época de la opacidad y de la fugacidad, esa marca que nos dejamos de manera mutua, que perdura y que me hace pensar que leemos y escribimos una nueva novela de la Tellado, pero que por esta vez el final es incierto por más que avancemos y saltemos las páginas...

lunes, 14 de noviembre de 2011

Maldita Primavera...

Era la maldita primavera la que le recordaba su asma, esa que pasaba desapercibida en invierno; volvía con toda furia en primavera, y con el pasar de los años cada vez más virulenta. La odiaba con todo su ser, el tener que estar siempre recurriendo a sacarse los mocos de la nariz, a no poder respirar tranquilo, el estar siempre enrojecido como tomate; le desagradaba. Había espantado a un número indescifrable de chicas, incluso cuándo las había pagado, eso era el colmo!! Cómo podía producir tanta repulsión su asma, en que lo convertía, se sentía que año tras año se convertiría en la cucaracha que kafkiana.

Pero eso no ocurriría más, estaba cansado, agotado, sin aliento para continuar con este verdadero calvario. Herencia genética le dijeron, pero estaba seguro que su padre había cometido un crimen que los mismos dioses le hicieron pagar por intermedio de él, a su vez era la mejor explicación que se daba al hecho de haber sido abandonado a los 4 años por ambos padres. Todo tiene explicación en esta vida se decía. Ya despuntaba el sol, era la hora pick del calor y por ende, de su asma. Pero allí estaba en esa fila que parecía nunca terminar, pero sus ganas de curar el asma eran mayores.

Delante de él sólo quedaban tres personas más, la típica abuela que al llegar a la caja comenzaría a buscar su libreta de ahorros y sus documentos, cuándo estuvo más de 40 minutos en la fila y no busco nada, las odiaba.  También sólo dos cajas abiertas de siete, cómo éste país no iba a crecer si no todo el mundo estaba en su puesto de trabajo cuándo debía hacerlo, también le producía odio. En fin, no tenía porqué seguir amargándose ya era su turno.

Se acerco con paso firme a la caja, le tocó la niña bonita, no todo es malo en la vida cruzó de forma fugaz por su rostro pero ante la mueca de asco que le hizo esa niña bonita al verlo, se desvaneció de inmediato. Más odio sentía y más ganas de hacerlo. Se acerco al pequeño orificio y le paso el papel: "Dame todo el dinero que tengas en caja, no hagas alarma, tengo una bomba bajo mi chaleco". La niña bonita comenzó hacerlo y el se sentía el rey del mundo. Le pasó la bolsa, retrocedió con calma y por sobre todo, feliz. Pero al llegar a la puerta vio todas las patrullas afuera, se sentía un ganador. No sabía que ocurrió, en las películas no pasaba eso. Eran las malditas alarmas silenciosas, nunca soltó la bolsa y sólo vio una luz cegadora y oyó un ruido como un pitido nada más. No mentía sobre la bomba y murió feliz, ya no tendría asma dónde estuviese.

sábado, 8 de octubre de 2011

El comienzo

Cuentan las malas lenguas, esas que sólo hablan bien delante del féretro o a un familiar del deudo, que los escritores son flojos. Si, flojos; que están todo el día pensando en qué escribir, imaginando cómo sería la vida si su talento y genio fuera reconocido. Pero nunca, casi nunca, escriben o menos se les ve haciéndolo. entonces cómo recorcholís iban a triunfar, a tener dinero o por lo menos, que se les reconociera su "talento".

La intemperie

Y sonaron las 
sirenas
no las quisimos escuchar
Alarmados corrimos
Despavoridos nos escondimos
sin tregua para
alusiones

la guerra se nos presento
sólo unos pocos
la recordaremos
otros serán
memoria

Así ha sido siempre
por caustica
es dónde nos toma
la guerra

Disculpa
¿aún estamos
en guerra?
si,
con nosotros
mismos
"interna" creo que 
la llaman
Ah; gracias
y nos vamos
escondiendo de nosotros
mismos
y atacando ellos
Así ha sido la
guerra... 

sábado, 10 de septiembre de 2011

TERTULIAS

Siempre he sido un chico extraño para mi edad. A lo menos todo el mundo piensa eso, que terminas pensando lo mismo. No quiero saber, ni entender nada del mundo; pura miseria y sólo unos momentos de alegría. Estaba bien de esa forma, pero el tiempo pasa y las presiones nos acorralan.

O eso me ocurrió a mí. Siendo un ermitaño social, logré hacerme de algunos compinches. Muy parecidos en sus actitudes para con las mías. Nuestras reuniones de charlas nocturnas era lo único que nos permitía sentirnos partes del mundo. Ese no sé qué de compartir palabras a lo menos. Como todos los viernes y sábados por la noche; no arreglábamos el mundo, sino que el mundo parecía arreglarse para darnos cabida.

Nunca quise estar allí esa noche, como dice la sabiduría de mi madre "¿te pusieron una pistola al pecho? No!, ¿cierto?" Si, no me la colocaron, eran mis amigos aún. No quería participar, pero la amenaza de expulsión y exilio permanente de nuestras tertulias fue lapidario. Si no estaba en ellas, simplemente no hay nada, y uno se puede acostumbrar a la soledad, para no volver. Nunca me ha gustado acostumbrarme.

Al partir de nuestra tertulia a nuestro próximo destino, ya habían sido asignados los lugares: yo sería el último. Por la cobardía de mi indecisión no podía ser premiado con alguno de los primeros puesto. Y allí estábamos, sólo atiné a seguir la corriente de la situación, no podía creer que de verdad estuviera ocurriendo. Cerramos la puerta, dijimos que todo iba a estar bien y comenzamos.

Yo era el último; sólo cerré los ojos y la penetre con fuerza. Al salir de allí eramos otros y el exilio de las tertulias, fue para todos.

viernes, 9 de septiembre de 2011

DEFINICIONES

Sexo amoroso / cándido
sexo penoso / al mejor postor
adultero / infiel
y a veces, sólo a veces
amoroso

Besos lánguidos / sonoros
silenciosos y bellacos
apasionados / lúgubres
besos locos de razón
de existencia
y a veces, sólo a veces
de amor

Caricias parcas / firmes
tranquilas / edulcoradas
frágiles, fuertes e irreconocibles
caricias al pasar
algunas que quedan
y a veces, sólo a veces
con pasión

Abrazos de un éxodo
amor / des amor / de duelo
fuerza de un oso
y languidez de un pez
y a veces, sólo a veces
con cariño

Amor presente en tu
ausencia
sonoro en nuestro
silencio
calmo con la pasión alocada
y a veces, sólo a veces
es tu recuerdo...

jueves, 8 de septiembre de 2011

REBOTE

Entre la tierra húmeda y estos arbustos, estamos próximos, demasiado cerca pensaría cualquiera. Fueron meses de preparación para poder optar siquiera a dignarse a vestir éste uniforme. Que de uniforme sólo tiene que compartamos cinco hombres y una mujer iguales vestidos. Caer en la descripción del uniforme está demás.

Estando aquí, recostado sobre la tierra húmeda, entre medio de los arbustos; nos trae a la memoria los meses de preparación. El estar completamente alejados de nuestros seres queridos, familias, hijos, padres, novias, amantes; de todo aquello que alguna vez nos trajo alguna pulsación al corazón. Como escuché decir a uno de uniforme: "construir nuestra propia realidad, para crear una nueva".

Horas bajo el barro, la lluvia, con nuevos nombres, peinados, cuerpos e incluso con nuevas identidades y pensamientos. A veces no lo quiero recordar; sólo por el tiempo. Miró el reloj; es la hora, ya llega. Fijamos posiciones, sacamos los seguros... Comienza la primera ráfaga de balas (que no fallen tantas, como muchas veces en la preparación), ahí va la primera granada. Siento un grito detrás de mí, cae uno de los nuestro; no sé quién, andamos de uniforme no somos individuales, somos un colectivo; pero a su vez, caen tres de ellos y el ideal cobra más fuerza. Por fin aparece en la curva, un Mercedes Blanco, como sabíamos. Es ahora o nunca, sentimos el cohete de la bazuca cruza el aire, todo a llegado a su fin... pero después de un alegre suspiro por los aires, silencio. ¿No debe haber una explosión? Eso dice el manual y las películas, en la preparación también hubo una. Acá sólo el maldito silencio.

Luego sabríamos que no explotó; que sólo entro en el auto y rebotó. Lo supimos al día siguiente; en esos momentos corrimos sabiendo que perdíamos la mejor oportunidad de cambiar la realidad. Corríamos por nuestras vidas, esas otras vidas, porque nos creamos una nueva realidad; pero esta nos cambió a nosotros.