Entre la tierra húmeda y estos arbustos, estamos próximos, demasiado cerca pensaría cualquiera. Fueron meses de preparación para poder optar siquiera a dignarse a vestir éste uniforme. Que de uniforme sólo tiene que compartamos cinco hombres y una mujer iguales vestidos. Caer en la descripción del uniforme está demás.
Estando aquí, recostado sobre la tierra húmeda, entre medio de los arbustos; nos trae a la memoria los meses de preparación. El estar completamente alejados de nuestros seres queridos, familias, hijos, padres, novias, amantes; de todo aquello que alguna vez nos trajo alguna pulsación al corazón. Como escuché decir a uno de uniforme: "construir nuestra propia realidad, para crear una nueva".
Horas bajo el barro, la lluvia, con nuevos nombres, peinados, cuerpos e incluso con nuevas identidades y pensamientos. A veces no lo quiero recordar; sólo por el tiempo. Miró el reloj; es la hora, ya llega. Fijamos posiciones, sacamos los seguros... Comienza la primera ráfaga de balas (que no fallen tantas, como muchas veces en la preparación), ahí va la primera granada. Siento un grito detrás de mí, cae uno de los nuestro; no sé quién, andamos de uniforme no somos individuales, somos un colectivo; pero a su vez, caen tres de ellos y el ideal cobra más fuerza. Por fin aparece en la curva, un Mercedes Blanco, como sabíamos. Es ahora o nunca, sentimos el cohete de la bazuca cruza el aire, todo a llegado a su fin... pero después de un alegre suspiro por los aires, silencio. ¿No debe haber una explosión? Eso dice el manual y las películas, en la preparación también hubo una. Acá sólo el maldito silencio.
Luego sabríamos que no explotó; que sólo entro en el auto y rebotó. Lo supimos al día siguiente; en esos momentos corrimos sabiendo que perdíamos la mejor oportunidad de cambiar la realidad. Corríamos por nuestras vidas, esas otras vidas, porque nos creamos una nueva realidad; pero esta nos cambió a nosotros.
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