La desnudes de tu piel
me convierte
en lobo hambriento
sólo un beso
dos besos y tres besos
nos calman
Podemos existir
como un nosotros
pero sólo seremos
un ellos
Calmados fuimos
desprendiendo
convirtiendo el polvo
caminando hacia las tumbas / celosas
Salvados nos dijimos
prisioneros liberados
de ciudad en ciudad
de tiempo en tiempo
sólo nos estamos conociendo
vamos por algo más
que no habrá juez capaz.
Digamos que me gusta el contacto del lápiz con el papel, en éste caso mis dedos sobre el teclado...
viernes, 2 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Sin callar
Esas nubes que nos
ciegan
van disipándose
sólo con nuestros gritos de lucha
inagotables / rejuvenecen
nuestras fuerzas se acoplan
Todos/as vamos en la misma senda
nunca heroísmo / tampoco locura
racionalidad descollante
que los aturde y enmudece
Seguimos solos en las calles
con gritos de lucha
ecos nos acompañan
en tu ciudad acongojada
de tanta miseria
¡Dijimos Basta!
Y no basto
¿Hasta cuándo?
Se hizo infinito
¿Por qué?
Gritamos respuestas ensordecedoras
¡Hacia adelante!
domingo, 26 de junio de 2011
Miércoles...
Aquella mañana había despertado con una vaga sensación de satisfacción. Era mitad de semana y ya lograba conseguir el dinero que había logrado reunir la semana anterior, pero en toda su extensión. Tener dinero en el bolsillo siempre da felicidad a cualquiera.
Ya imaginaba que haría con él. Compraría zapatos nuevos, comería una buena cena y el resto del dinero lo enviaría a su familia. No era de grandes lujos: simples, sencillos y concretos. Así la vida es más llevadera, sin complicaciones, ni menos grandes decepciones.
Miró el reloj de la pared, ya marcaba las diez de la mañana, sólo quedaban un par de horas antes de comenzar un nuevo día de trabajo. Al ser mitad de semana, sabía que podía encontrarse con cualquier tipo de sorpresa en el trabajo, la gente solía tener un ánimo intermedio. Decía: "A quienes les gusta su trabajo sólo disponen de dos días más para disfrutarlo, y quiénes gustan irse de fiestas y de copas aún deben soportar dos días más". Por esto, éste día marcaba un ánimo intermedio.
Tomó una ducha, comió un par de huevos con café bien negro -el jugo de naranja desapareció de la despensa-, y para terminar todo: fumó un cigarrillo, de lo contrario no podía ser considerado un desayuno de verdad.
Escogió ropa propia de un día como ése: ni muy ancha, ni muy ajustada; no sabía que se encontraría en el trabajo. Se sentía bien.
Había llegado la hora de comenzar a trabajar (las horas de ocio pasan volando pensó), arreglo la cama de forma rápida y abrió la puerta a su primer cliente del día. Sólo vio la mano caer pesadamente en su rostro y cayendo sobre su cama, recién arreglada. Gritó, para que "Vince" viniera en su ayuda como otras tantas veces, era el guardia del lugar.
Era mitad de semana y era sólo su primer golpe, dado por un maldito bastardo que de seguro era impotente. Nunca se sabía con seguridad qué podría ocurrir a mitad de semana en el trabajo.
Ya imaginaba que haría con él. Compraría zapatos nuevos, comería una buena cena y el resto del dinero lo enviaría a su familia. No era de grandes lujos: simples, sencillos y concretos. Así la vida es más llevadera, sin complicaciones, ni menos grandes decepciones.
Miró el reloj de la pared, ya marcaba las diez de la mañana, sólo quedaban un par de horas antes de comenzar un nuevo día de trabajo. Al ser mitad de semana, sabía que podía encontrarse con cualquier tipo de sorpresa en el trabajo, la gente solía tener un ánimo intermedio. Decía: "A quienes les gusta su trabajo sólo disponen de dos días más para disfrutarlo, y quiénes gustan irse de fiestas y de copas aún deben soportar dos días más". Por esto, éste día marcaba un ánimo intermedio.
Tomó una ducha, comió un par de huevos con café bien negro -el jugo de naranja desapareció de la despensa-, y para terminar todo: fumó un cigarrillo, de lo contrario no podía ser considerado un desayuno de verdad.
Escogió ropa propia de un día como ése: ni muy ancha, ni muy ajustada; no sabía que se encontraría en el trabajo. Se sentía bien.
Había llegado la hora de comenzar a trabajar (las horas de ocio pasan volando pensó), arreglo la cama de forma rápida y abrió la puerta a su primer cliente del día. Sólo vio la mano caer pesadamente en su rostro y cayendo sobre su cama, recién arreglada. Gritó, para que "Vince" viniera en su ayuda como otras tantas veces, era el guardia del lugar.
Era mitad de semana y era sólo su primer golpe, dado por un maldito bastardo que de seguro era impotente. Nunca se sabía con seguridad qué podría ocurrir a mitad de semana en el trabajo.
viernes, 17 de junio de 2011
La intemperie
Y sonaron las
sirenas
no las quisimos escuchar
Alarmados corrimos
Despavoridos nos escondimos
sin tregua para
alusiones
la guerra se nos presento
sólo unos pocos
la recordaremos
otros serán
memoria
Así ha sido siempre
por caustica
es dónde nos toma
la guerra
¿aún estamos
en guerra?
si,
con nosotros
mismos
"interna" creo que
la llaman
Ah; gracias
y nos vamos
escondiendo de nosotros
mismos
y atacando ellos
Así ha sido la
guerra...
martes, 24 de mayo de 2011
Los perros mean dónde quieren
Mirando el reloj con los ojos semi cerrados, podía ver que eran sólo las once y treinta de la mañana, aún demasiado temprano para dejar la cama. Ya no recordaba cuándo fue la última vez que tenía que cumplir un horario, tener que regalar ocho horas de su vida a un trabajo que no le producía nada más que cagaderas sistemáticas de sólo pensar que estaba encerrado ocho horas en algo que desagradaba. Recordaba que sólo quería ser escritor, a sus 24 años, contaba con las 24 horas para serlo, no lo podía disfrutar mucho, porque tampoco recordaba como lo había logrado, su libro Los perros mean dónde quieren lo había catapultado como revelación editorial y ya estaba en su sexta edición y en la traducción a otros 3 idiomas. De eso ya tres años, pero seguía sin saber cómo había logrado todo eso.Pero pasaba por ése período que los escritores llaman de "sequía", tampoco la poesía parecía poder fluir. Es más, estaba tan mal que llevaba dos días sin cagar y eso ya le preocupaba. El teléfono sonaba todos los días, eran los tres editores que seguían exigiendo sus cuentos, sus poemas, su libro y éste no sabía qué decirles: "hey tipo, has estado sentado en el baño toda una hora queriendo cagar y sólo sientes dolor de estómago, sabes que está ahí pero no quiere salir... bueno; la escritura es totalmente igual, no molestes".
Cerro los ojos una vez más, al volverlos abrir eran las tres de la tarde. Buena hora para levantarse e intentar hacer algo. Fue al baño, sólo puedo mear, otra vez su falta de inspiración le estreñía las tripas.
lunes, 16 de mayo de 2011
Caídas...
Ángel caído en el desván
se cubre de polvo
olvidado en su cielo
recordado en un tiempo
Ángel caído
sin santidad obtenida
no logra volver a volar
el polvo se acumula...
miércoles, 11 de mayo de 2011
Hay que darle en la vida...
No recordaba por qué diablos le dolía tanto su cabeza. Para tener 17 años bebía como el promedio, fumaba como ellos, comía tal cual como ellos, meaba y cagaba como uno más. Sólo era diferente en una cosa: aún era virgen y se masturbaba como ningún otro. Era todo un maestro en las "artes masturbatorias"; sabía movimientos y técnicas que lograban la mejor eyaculación, siendo la envidia de cualquier estrella porno.
No siempre lo había sido, pero desde la aparición de su acné -uno de los peores casos registrados, según su médico- le había marcado el camino. Las chicas pueden saber apreciar rostros feos, pero no rostros que en cualquier momento puedan reventar en un mar de pus y sangre. Es increíble como las mujeres pueden transformarnos.
También lo habían transformado los golpes. Era un maldito cabronazo, al ser un verdadero fenómeno el "bullyng" poseía el mejor escenario para su demostración. Lograba ganar la gran mayoría de sus combates, porque su oponente al estrellar su puño contra tanto pus y sangre perdía concentración y era el momento oportuno de un certero contragolpe. Por ello era un ganador innato, un púgil a los 17 años.
Como todas las mañanas, comenzaba con una excelente paja; sin esto era como si nunca hubiera despertado. Al contrario de lo que ocurría con el resto de los seres humanos, masturbarse no le cansaba, por extraño que parezca era una dosis de endorfina que le permitía estar despierto hasta el siguiente momento en que necesitara "otra", que no sería dentro de mucho.
En un momento sentía pudor; pero su cuerpo y mente cada vez pedían más y más. Por ello el viaje al colegio, el regreso a casa, cagando, quedándose dormido, incluso ¡comiendo con sólo una mano! eran momentos oportunos para sus cavilaciones. Se había hecho tan recurrente que sólo era necesario comenzar con el arriba y abajo con su instrumento y el momento era perfecto.
Pero desde hace unos días era algo extraño, cada vez que terminaba unas ganas de vomitar eran inevitables. Lo traía sin cuidado, pero no era algo común en él. Le molestaba que ocurriese y por tanto no podía disfurtar de sus momentos.
Sentado en el despacho de su doctor de cabecera, al ver pasar a las enfermeras en sus uniformes ajustados -sin importar la talla, sólo que fuesen ajustados- le hacían que sus pajas fueran concisas y casi perfectas. Pero nuevamente tuvo que correr a vomitar sólo bilis; porque no comía nada para expulsar lo menos posible. Podía dejar de comer, pero nunca dejar de masturbarse, lo único que le permitía escapar de su miserable vida.
El doctor le hizo pasar.
- Bien chico, dijo. Había una expresión de preocupación en su rostro, pero también de calma y algo de felicidad. - Quiero decirte que nunca me había topado con algo así en mi vida como médico.
-No se haga el gracioso, conoce mi cara desde que salió el primer puto punto negro.
-No me refiero a tu cara.
- ¿Entonces?
- Lo que ocurre - miraba hacia abajo, tal vez por vergüenza o por no querer reír en sus narices-, es que tendremos que cambiar tu estilo de vida, pero créeme que te harás increíblemente rico.
- ¿Por qué? Hable de una maldita vez. Siempre le había gustado el dinero y que le dieran por ir al doctor le fascinaba, uno paga para que te prohíban cosas y te digan cuán enfermos estamos, ellos deberían pagarnos por dejarlos hacer sentirse poderosos en algún momento de sus desagradables vidas.
- Estás embarazado de ti mismo, es necesario que te quedes desde hoy mismo con nosotros para cuidarte y que lo que tienes dentro salga sin ninguna complicación. ¡Imagina el dinero que ganaremos con esto!
- ¿Cómo?
- No sabría decirte con certeza; pero tu semen logró fecundar parte de tu intestino y algo está creciendo allí y te aseguro por mi madre que eso no es mierda. -Mientras apuntaba un "bultito" en una radiografía de su estómago.
Lo que más le dolía era la prohibición y precaución de no masturbarse en los próximos 6 meses por posibles daños al "bultito"; además que con uno bastaba. Comenzaría a probar con otras cosas; el dedo en el culo no puede dejar embarazado a nadie, pensó. Mientras caminaba desde la consulta de su doctor...
-
No siempre lo había sido, pero desde la aparición de su acné -uno de los peores casos registrados, según su médico- le había marcado el camino. Las chicas pueden saber apreciar rostros feos, pero no rostros que en cualquier momento puedan reventar en un mar de pus y sangre. Es increíble como las mujeres pueden transformarnos.
También lo habían transformado los golpes. Era un maldito cabronazo, al ser un verdadero fenómeno el "bullyng" poseía el mejor escenario para su demostración. Lograba ganar la gran mayoría de sus combates, porque su oponente al estrellar su puño contra tanto pus y sangre perdía concentración y era el momento oportuno de un certero contragolpe. Por ello era un ganador innato, un púgil a los 17 años.
Como todas las mañanas, comenzaba con una excelente paja; sin esto era como si nunca hubiera despertado. Al contrario de lo que ocurría con el resto de los seres humanos, masturbarse no le cansaba, por extraño que parezca era una dosis de endorfina que le permitía estar despierto hasta el siguiente momento en que necesitara "otra", que no sería dentro de mucho.
En un momento sentía pudor; pero su cuerpo y mente cada vez pedían más y más. Por ello el viaje al colegio, el regreso a casa, cagando, quedándose dormido, incluso ¡comiendo con sólo una mano! eran momentos oportunos para sus cavilaciones. Se había hecho tan recurrente que sólo era necesario comenzar con el arriba y abajo con su instrumento y el momento era perfecto.
Pero desde hace unos días era algo extraño, cada vez que terminaba unas ganas de vomitar eran inevitables. Lo traía sin cuidado, pero no era algo común en él. Le molestaba que ocurriese y por tanto no podía disfurtar de sus momentos.Sentado en el despacho de su doctor de cabecera, al ver pasar a las enfermeras en sus uniformes ajustados -sin importar la talla, sólo que fuesen ajustados- le hacían que sus pajas fueran concisas y casi perfectas. Pero nuevamente tuvo que correr a vomitar sólo bilis; porque no comía nada para expulsar lo menos posible. Podía dejar de comer, pero nunca dejar de masturbarse, lo único que le permitía escapar de su miserable vida.
El doctor le hizo pasar.
- Bien chico, dijo. Había una expresión de preocupación en su rostro, pero también de calma y algo de felicidad. - Quiero decirte que nunca me había topado con algo así en mi vida como médico.
-No se haga el gracioso, conoce mi cara desde que salió el primer puto punto negro.
-No me refiero a tu cara.
- ¿Entonces?
- Lo que ocurre - miraba hacia abajo, tal vez por vergüenza o por no querer reír en sus narices-, es que tendremos que cambiar tu estilo de vida, pero créeme que te harás increíblemente rico.
- ¿Por qué? Hable de una maldita vez. Siempre le había gustado el dinero y que le dieran por ir al doctor le fascinaba, uno paga para que te prohíban cosas y te digan cuán enfermos estamos, ellos deberían pagarnos por dejarlos hacer sentirse poderosos en algún momento de sus desagradables vidas.
- Estás embarazado de ti mismo, es necesario que te quedes desde hoy mismo con nosotros para cuidarte y que lo que tienes dentro salga sin ninguna complicación. ¡Imagina el dinero que ganaremos con esto!
- ¿Cómo?
- No sabría decirte con certeza; pero tu semen logró fecundar parte de tu intestino y algo está creciendo allí y te aseguro por mi madre que eso no es mierda. -Mientras apuntaba un "bultito" en una radiografía de su estómago.
Lo que más le dolía era la prohibición y precaución de no masturbarse en los próximos 6 meses por posibles daños al "bultito"; además que con uno bastaba. Comenzaría a probar con otras cosas; el dedo en el culo no puede dejar embarazado a nadie, pensó. Mientras caminaba desde la consulta de su doctor...
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