viernes, 11 de abril de 2014

Divagaciones...

Sin rencores acepto la lejanía
por una rendija pequeña 
saber que allí está
insalubre felicidad

A veces sólo necesito espiar
olvidando mi último deseo
recorriendo cada centímetro de luna
cansado de no llegar a ninguna parte

Riendo en el camino
entre hierbas azucaradas
para detener el paso de injusticia
calma de existir envejecido

Añorando la respuesta
que nunca tarda en encontrarnos
siguiendo las estrellas
quizás, lleguemos lejos...

domingo, 6 de abril de 2014

Una última vez

Sentado frente a la ventana, en un piso 22. Piensa amargamente hace muchas horas; eso cree él. Pero sólo han pasado treinta y cinco minutos. No sabe qué más hacer, lo ha intentado todo, absolutamente todo, y nada cambia. Se abruma en tanta infelicidad que merece no creer. Esto lo arreglará todo.

Así como vuelve a concentrarse, sale de la ventana. Abre el clóset y sólo encuentra ropa de mujer, comprada en un supermercado. Ha aprendido a identificar a la ropa de marca, y esta sólo tiene impresa huellas chinas. Igual que las de marcas, pero esas a lo menos tienen una etiqueta distinta. Vuelve a concentrarse. Abre un cajón, luego otro, otro y no encuentra nada de valor. Se sienta una vez más ante la ventana, en un piso 22 a pensar qué ocurre con su vida. Cómo termino en esto. Aún no lo sabe, pero el ascensor se detiene en el piso. Agudiza el oído, siente las llaves al entrar en la cerradura. Suda, se pone de pie, vuelve a mirar la ventana y pensar que todo se soluciona de una forma tan simple. Sin melodramas ni comedia. Espera.

Al verlo llegar, se petrifica. Corre hacia él y con fuerza que no sabía que tenía, clava las tijeras que encontró en el piso, en su pecho. Y ve como pierde color lentamente, llegando un gris grafito. No importa de momento, corre al pasillo, y sólo ve dos niños que lo miran aterrados. No sabe cómo termino en esto, y como podrá detenerlo. Ahora piensa más que nunca en esa ventana del piso 22.

viernes, 4 de abril de 2014

14:03 hrs

A veces la vida nos depara problemas, que sólo nosotros sabemos que allí están. Pienso esto mientras debajo del apartamento suena una alarma, de auto. Como muchas veces, pero ahora es cuándo molesta. Antes sólo sonaba.
Me encuentro en una encrucijada, al saber que estoy costeando estudios que quizás no quisiera seguir al corriente. Pero se que es una decisión de la cual me arrepentiré a los segundos de haberla tomado. Y así me encuentro una y otra vez. Releyendo libros de auto ayuda, biografías, cuentos y novelas "personales"; esas que hablan de hábitos y sucesos cotidianos. Pero que están concatenados y no disueltos.



Molestan este tipo de sensaciones, cada vez más seguidas. Una tras otra, como una avalancha que sólo parece crecer y no detenerse. Estoy cansado, me canso muy seguido últimamente, pero sé que las fuerzas interiores deben aparecer en algún momento. Sólo debo agregar, que ver como fluyen las palabras frente al computador, me ayudan a re significar que quizás, sólo quizás, este mal enfocado de momento.

domingo, 19 de enero de 2014

Avanzando hacia sus amaneceres

Ya era su tercer día encerrado en el departamento. No sabía cuánto más podría aguantar. Dijeron con que estuviera una semana desaparecido, comenzarían a pensar qué hacer con él. De momento debía seguir aguardando instrucciones.
Tenía prohibido acercarse a la puerta del edificio. Comida para a lo menos 6 días había entre la despensa y el refrigerador. Algunos libros generales, clásicos de la literatura y uno que otro best seller. Pero sin acceso a periódicos, diarios y televisión. Había un viejo mini disc con el cuál escuchar música en CD's (que sólo eran de blues y jazz). Que había comenzado apreciar en sus tardes de lectura.
Ropa era lo de menos; ropa interior suficiente para cambiarse todos los días, poleras y pantalones de ejercicio (media docena), sólo un par de zapatillas y muchas calcetas. Sabían que era un deportista aficionado.

Todas las mañanas desperta a las 06:45 horas, ya por costumbre, ya que ni teléfono celular tenía, su fiel despertador. Hacia una hora de ejercicios dentro de su pieza. A la ducha y luego un ligero desayuno. Anotaba en una libreta todo los tipos de ejercicio que había hecho en la mañana, si notaba que se inclinaba por uno en particular, alteraba a la mañana siguiente su rutina, para equilibrar el acondicionamiento físico. Después de ello, se sentaba frente a su viejo cuaderno, con lápiz verde a intentar escribir. De sus tres días encerrado sólo afloraron cuatro páginas completas por ambas caras, nada mal para alguien que se decía escritor de medio tiempo. Al medio día comenzaba a preparar el almuerzo, también ligero. Con el paso de los días encontró que comer poco lo mantenía mucho más alerta. Preparaba café para la tarde, y leía hasta que se entrase el sol. Para hacer una rutina de pesas que había encontrado en uno de los clóset del departamento. Finalmente una nueva ducha para partir a la cama, sin mayores pretensiones. Sólo pensando: ¿Por qué estoy aquí? Una parte de su cerebro sabía el motivo, pero al parecer, no quería hacercelo saber de nuevo.

A la mañana siguiente, sentía la necesidad imperiosa de escuchar una voz ajena a su cuerpo. Cada célula de su cuerpo le recordaba que era una meta, para seguir cuerdo. Estaba cansado de hablarse a sí mismo, quizás porque pudiese no gustarle alguna respuesta. Es más, ya dos días que permanecía completamente mudo. Creyó que se acostumbraría pero estaba muy lejos de eso.
Mientras hacía su almuerzo, sin ganas. Golpearon tres veces la puerta, como si quisieran echarla abajo. Con el mismo cuchillo que desollaba un pescado, camino lentamente hacia la puerta. Sin "ojo mágico", no podía ver quién había golpeado la puerta. En ese instante tomó conciencia que todo este momento había tenido las cortinas cerradas y sólo se daba cuenta de la llegada de la noche, porque el calor menguaba. Camino lentamente, puso su oreja derecha contra la puerta, pero no escuchó nada. Retrocedio en puntillas, para hacer el menor ruido posible. Miro de forma fija la puerta, como si tuviera algún poder capaz de permitir ver al otro lado, pero no lo poseía. Espero y espero. Nada ocurrió. Al darse media vuelta, pensó que era algún ebrio equivocado, que buscaba calmar sus ganas de golpear a su pareja. Mientras dilusidaba aquello, sintió el sonido de un sobre deslisandose por debajo de la puerta. Corrió de vuelta a la puerta, intenro abrir para recordar en ese instante que estaba con llave, desde fuera. Había sido una precaución de seguridad. 

Miró sus pies, allí descansaba un sobre blanco. Lo levanto, sabía que estaba encerrado por algo, no tan importante como para sufrir un ataque de anthrax. Abrió el sobre y en una hoja tamaña oficio escrito, sin complicaciones ni apuros:

                "A LAS 24 HORAS DEL DÍA DE HOY, PASARÁN POR TI. 
                         PROCURA ESTAR PREPARADO"

Quedaban 12 horas más y sabía que no estaba preparado...

lunes, 9 de septiembre de 2013

Sentado en el wáter

A veces pienso en la inmensidad
en otros despierto con hambre
Comienza un buen día
Comer, siempre es una buena señal

Sentado frente a tus letras
No te leo, sino que siento palabras robadas
Ajenas de tu pluma y propias de mis manos

¿No te cansas?
A veces si, alguna tal vez
Pero siempre está allí

Si nos volvemos a encontrar
Me dices
Sin vernos más
Te saludo
Y tan amigos como enemigos

Esto yo lo llamo divagar

martes, 9 de abril de 2013

TE ACUSO

Triste amor que nos embarga
engulle con frialdad
con minuciosidad
intolerante
¿Eso es amor?
Más yo lo llamo aberración

Al ver su cuerpo desnudo
despojado de toda irrealidad
mi verdad se hace
mentira
y tus palabras / sobran

Instantes de sosiego como pocos
desdichada vida
Vuelves acicalarte
de forma rápida y sin / traumas

Acongojado tomo el lápiz,
surco el papel
e intento conocerme
en medio de tus amores
e ido encontrando
desilusiones e / insinuaciones
¡Cuánto durará esta fechoría!

Si esto es 
amor
¿Cómo ha SOBREVIVIDO el hombre?
Tan locuaz me encuentro
que es otra cuestión de amor 

Amores inconclusos y / acotados
Te amo sin razones
Mas no vuelvas a quedar desnuda
de ataduras

¡Amor libre, grito!

Amor exclusivo es que recibo
así me siento a esperar
las estaciones
que no marchitan mi esperanza
de alguna vez ahogarme
en tu dulzura de mujer
que se sabe amada

Oh! Qué poder gobierna
sobre mi cuándo te veo
Eso es amor,
maldito amor que estropeas
la felicidad del que no tiene / tristezas

¡Es tan sólo el amor!